OPINIÓN | Antonio Brown nunca quiso ser jugador de Oakland


Brown en su presentación con los Raiders

A tan solo unas horas del primer domingo de NFL del año, las novelas y dramas de algunos jugadores con sus respectivos equipos no han cesado.


Por un lado Melvin Gordon quien buscaba una extensión de contrato con el equipo de los Chargers parece que vera la temporada desde el sofá de su casa, pues el gerente general del equipo, Tom Telesco ha sido tajante y dijo que no retomara las conversaciones sobre una extensión con Gordon hasta finalizada la temporada actual. El equipo le ha dado la posibilidad al jugador de buscar un trade con otro equipo, sin embargo, nadie parece estar interesado.


En Dallas también vivieron su propio drama. Al igual que Gordon, Ezekiel Elliott buscaba una extensión de contrato, esto llevo a que el corredor se ausentara del campamento del equipo y se perdiera la pretemporada mientras se encontraba entrenando de manera personal en Cabo. Luego de un estira y afloja incesante, tanto jugador como equipo llegaron a un acuerdo y Elliott se convirtió en el corredor mejor pagado de la liga. El jugador ya fue activado y podrá ver acción en la Semana 1 ante los Giants.


Pero el drama más grande de la temporada baja lo protagonizo Antonio Brown. Primero con su salida de Pittsburgh, su posterior firma con los Raiders, su salida de Oakland y por ultimo su llegada a New England.


El talento que Brown tiene es indiscutible, 7 veces seleccionado al Pro-Bowl y 4 veces All-Pro demuestran la capacidad del receptor egresado de la Universidad de Central Michigan.


Sin embargo, había algo en el entorno que no auguraba nada bueno de la relación Brown-Raiders. El equipo de Oakland históricamente ha tenido jugadores problemáticos y después de cómo se dio la salida de Brown de los Steelers, habían tomado un riesgo bastante alto, pues la salida de Amari Cooper a Dallas los obligaba a buscar un nuevo receptor # 1 para Derek Carr.


El equipo sabia de la problemática de Brown y tomaron el riesgo, el resto es historia. No vamos a entrar en detalles de todos y cada uno de los capítulos en esta historia, pues es sabido por todos lo que sucedió. Mensajes en redes sociales, audios filtrados, discusiones que casi llegan a los golpes, etc.


Lo que queda claro después de todo lo acontecido es que desde el inicio, Brown nunca quiso ser jugador de los Raiders.


¿Disputa por un casco? ¿Amenazas de retirarse de la NFL si no lo dejaban usar su casco de siempre? ¿Decir que tu equipo te odia por faltar a tus obligaciones como jugador? No hay que ser un genio para darse cuenta que desde el principio Brown estaba buscando una salida. No importaba el cómo, Antonio Brown buscaba la manera de irse de Oakland, y si el precio a pagar por esa salida era quedar como el villano de la película, el jugador estaba dispuesto a pagar ese precio. En suma, nunca quiso ser parte de la organización.


Tan solo unos minutos después (SI MINUTOS) de que los Raiders hicieran oficial la salida de Brown, su representante, Drew Rosenhaus nos deleitó con la siguiente declaración: “Ahora que Antonio es un agente libre, estamos enfocados en el futuro y trabajaré de inmediato en firmarlo con un nuevo equipo. Antonio espera un nuevo comienzo”.

Apenas había dejado de ser jugador de la franquicia que aposto por él y ya estaba en búsqueda de “un nuevo comienzo”.


Tomando las palabras que Pablo Viruega mencionó; Brown es un jugador arrogante, soberbio y con poca educación.


La era Mike Mayock no comienza nada bien con este drama a tan solo un año de que el equipo se mude a Las Vegas.


Por último, Brown sabe del talento que tiene y por ello es que tal vez deseaba estar en un equipo contendiente al Super Bowl. Probablemente se soñaba atrapando pases de Patrick Mahomes, Carson Wentz o Jared Goff. Cuando despertó del sueño, se encontraba en Oakland, un equipo con talento pero al que aún le faltan piezas para ser considerado un equipo contendiente.


Su deseo se vería cumplido horas después de su salida de Oakland. Pues ni mas ni menos que los Patriots le ofrecían la oportunidad que tanto anhelaba, llegar a un equipo con aspiraciones importantes.


Pareciera que todo fue un plan bien tejido por parte de Brown desde su llegada a Oakland. Firmar con un equipo que tuviera suficiente espacio salarial, posteriormente hacer un drama muy grande. Ser cortado por el equipo y quedar libre con el tiempo suficiente para que una franquicia con aspiraciones de Super Bowl lo llamará. Suena como una gran conspiración, pero todas las piezas del tablero parecen embonar perfectamente.


Tal vez el ego de Brown le hizo creer que los Raiders eran poca cosa para sus servicios y solo los utilizó como un trampolín para saciar su sed de venganza contra su ex-equipo, pues era bien sabido que Pittsburgh no iba a enviar a su estrella a un rival como los Patriots.


Si algo le faltaba a New England para buscar el séptimo anillo ha llegado, como caído del cielo y a cambio de nada.

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